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El susurro de los Arboles.

  • Mar 20, 2025
  • 2 min read

Hay un lenguaje en la naturaleza que no necesita palabras. Es un susurro antiguo que se cuela entre las hojas, que se desliza por el aire y se posa en la piel como un alivio silencioso. A veces, basta con cerrar los ojos bajo la sombra de un árbol para escuchar lo que el mundo no dice.


Recuerdo la mata de mango en el patio de mi casa materna en Villa Mella. No daba frutos, y sin embargo, nunca sentí que le faltara algo. Su sombra me cubría en las tardes de calor, y su brisa era suficiente para hacerme olvidar que el mango no llegaría. En mi mente de niña, cada ráfaga de aire era un bocado dulce, una caricia invisible que se deshacía en la boca como si, en lugar de viento, estuviese saboreando la pulpa dorada de la fruta que nunca existió.


No sé qué pasó con ella. Un día, simplemente dejó de estar. Tal vez la cortaron, tal vez la tierra dejó de sostenerla. Pero hay cosas que, aunque desaparezcan, siguen habitando en la memoria con la misma presencia de antes. Así es la naturaleza: nos da lo que necesitamos, aunque no siempre de la manera que esperamos.


Como aquella mata de mango, hay personas, lugares y momentos que no llegan a dar los frutos que imaginamos, pero que nos regalan algo igual de valioso: un refugio, una pausa, una brisa fresca en medio del calor. A veces, la verdadera satisfacción no está en lo tangible, sino en lo que se siente. Y la naturaleza, con su forma callada de enseñarnos, nos lo recuerda cada vez que el viento nos envuelve y nos devuelve, por un instante, a casa.


-Heiddy F.



 
 
 

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